Bajó en el paradero del puente peatonal, abrazaba su pionner pegado al pecho con la mirada en frente avanzando sin mirar a nadie, con ella se cruzaban todo tipo de personas, hombres y mujeres que cargaban sus maletines carteras, mochilas, cuadernos, todos iban a prisa con ceños fruncidos debido al sol. Mostró el carnet e ingresó, caminó por el pasillo principal, las oficinas de recepción, entró al ascensor, iba al tercer piso aula 315, la puerta estaba abierta, sus compañeros sentados esperando al profesor, sólo ella y una alumna más tenían uniforme celeste, Vivian, los demás tenían ropa común, polos, jeanes, zapatillas, ambas iban juntas a hacer prácticas en la clínica de la universidad, sus carpetas estaban en primera fila, a excepción de ellas y otro par más de alumnos, no participaban en las habituales reuniones donde los muchachos elegían la casa de uno de ellos para ir a beber alcohol y matarse de risa terminando la clase. Ellas porque trabajaban, el otro par porque eran los aislados del salón, no bebían, no bailaban, no platicaban con nadie, tampoco trabajaban, se dedicaban a llenar el cuaderno y retirarse.
La clase trató sobre distintos tipos de bacterias infecciosas, los medios de contagio, los síntomas, y nombres de las enfermedades que producen, el maestro hacía gráficos de las células afectadas, también de los parásitos junto con sus organelos. Vanesa y Vivian prestaban atención y tomaban apuntes, compartían comentarios sobre el tema.
El receso de quince minutos era terminando esa clase, iban a la cafetería del segundo piso, siendo muy temprano aún ambas no comían nada, pero sí se mantenían juntas, iban yendo por las escaleras cuando se encuentran con Ricardo, Vivian la cogió del brazo pero antes de poder decirle que mejor doblasen por otro lado, Ricardo se acercó a ellas.
-Vivian, no te escapes otra vez. –Le dijo poniéndose en frente y queriendo saludarla con un beso que no parecía querer ser dado en la mejía. Vivian le puso la mano en el pecho para detenerlo.
-No me escapo de nadie tonto. Estamos apuradas, luego hablamos. –Le dijo ella jaloneando a Vanesa.
-Sí lo haces, en este momento lo estás haciendo, hablemos ahorita.
-Te prometo que esta tarde te llamo, enserio.
-Yo te llamaré, pero esta vez contéstame ¿Si?
-Ok, ok, nos vemos…
-Eso espero. –Dijo Ricardo luego murmuró algo que las dos no pudieron entender.
Descendieron hacia la cafetería, doblaron por el baño, se arreglaron un poco frente al espejo.
-¿Qué pasó con ese tipo? –Preguntó Vanesa.
-Llevamos juntos la clase de diagnóstico, los sábados, el sábado pasado fue el cumpleaños de Carmen, una compañera, nos fuimos a su casa, no asistí a las prácticas por eso, tomamos unos piscos, al final en la noche tomamos el mismo micro, me besó, y me dejé, eso es todo, pero me parece que el cree que ya somos novios.
-Haya, ya entiendo…
-Sí pues, ¿No son unos tarados los hombres?
-Estás en lo cierto, unos torpes, unos tarados…
-Oye. –Dijo Vivian mirándola. –Tienes la piel bien reseca, tus ojos y tu mirada también… -Vanesa miró al espejo, se tocó la cara.
-Bueno, si… un poco… -Vivian echó un vistazo alrededor para asegurarse que no había nadie.
-Tú eres virgen, ¿O me equivoco?
Vanesa abrió el caño, se lanzó un chorro de agua en la cara, caminó hacia la pared cerca a la puerta para desenrollar un poco de papel con qué secarse, también para evadir la pregunta de Vivian.
-Está bien, hagamos de cuenta que no pregunté nada, perdón…
-Mejor volvamos al aula.
-Ok, volvamos. –Dijo Vivian. Un par de chicas más entraron.
Endocrinología, toda clase de hormonas, una larga lista de nombres junto con sus funciones, aquella clase dejaba bien claro que cada reacción humana, cada emoción, sensación, fatiga, dolor, o placer, desde las más básicas hasta las más complejas se deben a efectos químico-biológicos, situaba muy lejos el romanticismo al que habitualmente atribuimos a nuestros sentimientos, pues en un laboratorio con un par de inyecciones podrían causarte amor así como depresión, o intensos estados de placer. Vanesa pensaba que siendo todo esto algo muy real, no debería ver tan imposible eso de la influencia mental, hasta el momento le atribuía a los pensamientos el mismo romanticismo esencial, pero al ver de forma más fría las cosas pensaba que nadie conoce aún la naturaleza de los pensamientos, sabemos pequeñas cosas como que ellos pueden afectar nuestro estado físico, constantes pensamientos pesimistas generas estrés, y el estrés genera presión arterial, tensión nerviosa, gastritis, por último podría terminar en una úlcera. Todo empezó con un pensamiento, era un hecho que los pensamientos sí afectan la materia, y llevando un tanto más lejos eso podría ser posible que centrando determinados pensamientos en alguien estos terminan afectándolo… Richard… Pero todo eso más que ciencia, parecía brujería, magia, Vanesa prefería reírse de sí misma por las cosas “tontas” que se atrevía a pensar.
La tarea iba ser leer todo el capitulo IX del “Vademecum” un libro denso de más de mil páginas, la próxima clase habría examen. Todos se pusieron de pie.
Buscaron una mesa libre, tenían sus platos de comida en las manos, luego de almorzar se irían a hacer sus prácticas. Las actividades en la clínica no eran muchas, a cada una le habían asignado un doctor y ellas hacían cosas como avisar el turno del paciente, registrar en la computadora sus nombres y poner inyecciones en caso sea necesario algún sedante, luego incluso tenían tiempo libre para repasar sus separatas.
Sentadas comían sin decirse mucho, sin mirarse, fingiendo prisa aunque todavía era muy temprano, Vivian creía que el silencio de debía a su impertinente pregunta en el baño, eso no le hacía sentir bien, tenía que romper ese silencio de una vez.
-Oye, y… ¿Estás leyendo el libro ese de la…
-Anteayer, el muchacho se apareció en mi casa. –Dijo Vanesa sin levantar la vista, arrancando un trozo de pollo.
-Pero… ¿Cómo así? ¿Qué te dijo?
-No te asombres tanto, sólo se hizo amigo de mi hermano, días antes se conocieron, él lo invitó junto con otros amigos a su cuarto a hacer bulla con los instrumentos.
-Total… entonces no te buscaba a ti.
-Bueno, anteayer sí, vino agitado, nervioso, quería hablar conmigo, pero fue tan idiota, vino a decirme tonterías y al principio le deje claro que todo lo que me decía carecía de sentido y casi le cierro la puerta.
-Pero…
-Pero… se disculpó, y él dio la vuelta primero, me dí cuenta que mi actitud fue muy dura y lo invité a pasar…
- ¡Ja! ¿Y qué más?
-Entramos a mi cuarto, nos sentamos, me habló de los mucho que detesta su carrera, que él en realidad es un artista, ahí se animó y sacó de su mochila un Scketch Book con varios dibujos, entre ellos había un retrato mío, que no miento, era muy profesional, era impactante, el dibujo quería salirse de la cartulina, tenía una luz especial, era yo arreglándome el cabello frente al espejo.
-Vaya, ¿Pero qué cosas te dijo antes, esas que consideraste carentes de sentido?
-Es que se vino con estupideces… que tuvo un sueño extraño conmigo, que todo el día había estado escuchando extraños susurros, Etc… todo, para al final mostrarme el dibujo, cautivarme un rato… lo besé.
-¡Ja, ja, ja! ¿y qué más?
-Y… nada más, ni me regalo el retrato, él se lo quedó, no lo he visto ya, hoy no pasó por mi ventana como te conté que suele hacer.
-Sabes, disparaste de pronto con este tema cuando pregunté si continuabas leyendo el libro de La Telepsiquia, ¿Acaso relacionas todo lo que sucedió con ese libro?
-No directamente, aunque hay algunas coincidencias, pero tú lo has dicho los hombres son unos tarados, ya sabes que no es la primera vez que lo veo, sabes que a lo largo de _ _ meses lo he visto pasar por mi ventana, nos hemos cruzado en la calle sin decirnos nada, si quizá desde hace mucho quería acercarse a mi hizo lo que usualmente pasa y eligió la manera más brusca, apareciéndose de pronto, contándome cuentos…
-Dime, por si acaso ¿Entre las coincidencias que resaltas, se encuentran, “Los sueños inquietos”?
-Sí, supuestamente se presentarían sueños extraños a partir del octavo día de empezar con los ejercicios de influjo mental.
-Y el se apareció en tu casa…
-… Al noveno día…
-¿Qué otra “coincidencia” encuentras?
-Ninguna.
-Pero es que lo que acabas de decir son las únicas coincidencias que necesitas presenciar para saber que la influencia está haciendo efecto, siempre… bueno desde inicios de este año que te conozco te he percibido como una chica temerosa con tendencia a la autonegación, las cosas están claras…
-No, no lo están, es que… ¿Qué somos? ¿Un par de brujas? Esto no es algo racional, no es algo científico, por favor somos estudiantes de una rama de la medicina, supuestamente debemos razonar bien.
-No es racional, ni científico, lo sé, como muchas cosas en el mundo, es algo que está un poco fuera de nuestro entendimiento, no creamos que lo sabemos todo amiga, en tu lugar, como buena mujer de ciencia, seguiría experimentando. –Dijo Vivian e hizo una gesticulación de relajo arqueando las cejas. Esa palabra “experimentando” Circundó por su mente varios segundos.
-No quiero hacerle daño a nadie, -Dijo Vanesa con la mirada hacia abajo. –Enserio él no se veía nada bien, no lo volví a ver… ¿Y si se ha enfermado?
-Somos futuras enfermeras, ¡Ve y pregúntale por su salud! –Ambas rieron, bebieron sus refrescos, se dedicaron a terminar sus platos, ésta vez en silencio, casi al final Vanesa fue ésta vez quien lo rompió. –Sí Vivian.
-… ¿Si qué? –Preguntó Vivian Sorbiendo lo último de su vaso de vidrio.
-Soy virgen.
La risa le vino de forma tan inesperada que el líquido dentro de su boca, casi la ahoga. –No, no me estoy burlando, no pienses eso, pero ya es hora muchacha, te puedes secar. –Vanesa le hizo un gesto duro pero amigable con los ojos.




