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30/12/2011

(Fragmento) "Diálogo de enfermeras"

Bajó en el paradero del puente peatonal, abrazaba su pionner pegado al pecho con la mirada en frente avanzando sin mirar a nadie, con ella se cruzaban todo tipo de personas, hombres y mujeres que cargaban sus maletines carteras, mochilas, cuadernos, todos iban a prisa con ceños fruncidos debido al sol. Mostró el carnet e ingresó, caminó por el pasillo principal, las oficinas de recepción, entró al ascensor, iba al tercer piso aula 315, la puerta estaba abierta, sus compañeros sentados esperando al profesor, sólo ella y una alumna más tenían uniforme celeste, Vivian, los demás tenían ropa común, polos, jeanes, zapatillas, ambas iban juntas a hacer prácticas en la clínica de la universidad, sus carpetas estaban en primera fila, a excepción de ellas y otro par más de alumnos, no participaban en las habituales reuniones donde los muchachos elegían la casa de uno de ellos para ir a beber alcohol y matarse de risa terminando la clase. Ellas porque trabajaban, el otro par porque eran los aislados del salón, no bebían, no bailaban, no platicaban con nadie, tampoco trabajaban, se dedicaban a llenar el cuaderno y retirarse.

La clase trató sobre distintos tipos de bacterias infecciosas, los medios de contagio, los síntomas, y nombres de las enfermedades que producen, el maestro hacía gráficos de las células afectadas, también de los parásitos junto con sus organelos. Vanesa y Vivian prestaban atención y tomaban apuntes, compartían comentarios sobre el tema.

El receso de quince minutos era terminando esa clase, iban a la cafetería del segundo piso, siendo muy temprano aún ambas no comían nada, pero sí se mantenían juntas, iban yendo por las escaleras cuando se encuentran con Ricardo, Vivian la cogió del brazo pero antes de poder decirle que mejor doblasen por otro lado, Ricardo se acercó a ellas.

-Vivian, no te escapes otra vez. –Le dijo poniéndose en frente y queriendo saludarla con un beso que no parecía querer ser dado en la mejía. Vivian le puso la mano en el pecho para detenerlo.
-No me escapo de nadie tonto. Estamos apuradas, luego hablamos. –Le dijo ella jaloneando a Vanesa.
-Sí lo haces, en este momento lo estás haciendo, hablemos ahorita.
-Te prometo que esta tarde te llamo, enserio.
-Yo te llamaré, pero esta vez contéstame ¿Si?
-Ok, ok, nos vemos…
-Eso espero. –Dijo Ricardo luego murmuró algo que las dos no pudieron entender.

Descendieron hacia la cafetería, doblaron por el baño, se arreglaron un poco frente al espejo.

-¿Qué pasó con ese tipo? –Preguntó Vanesa.
-Llevamos juntos la clase de diagnóstico, los sábados, el sábado pasado fue el cumpleaños de Carmen, una compañera, nos fuimos a su casa, no asistí a las prácticas por eso, tomamos unos piscos, al final en la noche tomamos el mismo micro, me besó, y me dejé, eso es todo, pero me parece que el cree que ya somos novios.
-Haya, ya entiendo…
-Sí pues, ¿No son unos tarados los hombres?
-Estás en lo cierto, unos torpes, unos tarados…
-Oye. –Dijo Vivian mirándola. –Tienes la piel bien reseca, tus ojos y tu mirada también… -Vanesa miró al espejo, se tocó la cara.
-Bueno, si… un poco… -Vivian echó un vistazo alrededor para asegurarse que no había nadie.
-Tú eres virgen, ¿O me equivoco?

Vanesa abrió el caño, se lanzó un chorro de agua en la cara, caminó hacia la pared cerca a la puerta para desenrollar un poco de papel con qué secarse, también para evadir la pregunta de Vivian.

-Está bien, hagamos de cuenta que no pregunté nada, perdón…
-Mejor volvamos al aula.
-Ok, volvamos. –Dijo Vivian. Un par de chicas más entraron.

Endocrinología, toda clase de hormonas, una larga lista de nombres junto con sus funciones, aquella clase dejaba bien claro que cada reacción humana, cada emoción, sensación, fatiga, dolor, o placer, desde las más básicas hasta las más complejas se deben a efectos químico-biológicos, situaba muy lejos el romanticismo al que habitualmente atribuimos a nuestros sentimientos, pues en un laboratorio con un par de inyecciones podrían causarte amor así como depresión, o intensos estados de placer. Vanesa pensaba que siendo todo esto algo muy real, no debería ver tan imposible eso de la influencia mental, hasta el momento le atribuía a los pensamientos el mismo romanticismo esencial, pero al ver de forma más fría las cosas pensaba que nadie conoce aún la naturaleza de los pensamientos, sabemos pequeñas cosas como que ellos pueden afectar nuestro estado físico, constantes pensamientos pesimistas generas estrés, y el estrés genera presión arterial, tensión nerviosa, gastritis, por último podría terminar en una úlcera. Todo empezó con un pensamiento, era un hecho que los pensamientos sí afectan la materia, y llevando un tanto más lejos eso podría ser posible que centrando determinados pensamientos en alguien estos terminan afectándolo… Richard… Pero todo eso más que ciencia, parecía brujería, magia, Vanesa prefería reírse de sí misma por las cosas “tontas” que se atrevía a pensar.

La tarea iba ser leer todo el capitulo IX del “Vademecum” un libro denso de más de mil páginas, la próxima clase habría examen. Todos se pusieron de pie.

Buscaron una mesa libre, tenían sus platos de comida en las manos, luego de almorzar se irían a hacer sus prácticas. Las actividades en la clínica no eran muchas, a cada una le habían asignado un doctor y ellas hacían cosas como avisar el turno del paciente, registrar en la computadora sus nombres y poner inyecciones en caso sea necesario algún sedante, luego incluso tenían tiempo libre para repasar sus separatas.

Sentadas comían sin decirse mucho, sin mirarse, fingiendo prisa aunque todavía era muy temprano, Vivian creía que el silencio de debía a su impertinente pregunta en el baño, eso no le hacía sentir bien, tenía que romper ese silencio de una vez.

-Oye, y… ¿Estás leyendo el libro ese de la…
-Anteayer, el muchacho se apareció en mi casa. –Dijo Vanesa sin levantar la vista, arrancando un trozo de pollo.
-Pero… ¿Cómo así? ¿Qué te dijo?
-No te asombres tanto, sólo se hizo amigo de mi hermano, días antes se conocieron, él lo invitó junto con otros amigos a su cuarto a hacer bulla con los instrumentos.
-Total… entonces no te buscaba a ti.
-Bueno, anteayer sí, vino agitado, nervioso, quería hablar conmigo, pero fue tan idiota, vino a decirme tonterías y al principio le deje claro que todo lo que me decía carecía de sentido y casi le cierro la puerta.
-Pero…
-Pero… se disculpó, y él dio la vuelta primero, me dí cuenta que mi actitud fue muy dura y lo invité a pasar…
- ¡Ja! ¿Y qué más?
-Entramos a mi cuarto, nos sentamos, me habló de los mucho que detesta su carrera, que él en realidad es un artista, ahí se animó y sacó de su mochila un Scketch Book con varios dibujos, entre ellos había un retrato mío, que no miento, era muy profesional, era impactante, el dibujo quería salirse de la cartulina, tenía una luz especial, era yo arreglándome el cabello frente al espejo.
-Vaya, ¿Pero qué cosas te dijo antes, esas que consideraste carentes de sentido?
-Es que se vino con estupideces… que tuvo un sueño extraño conmigo, que todo el día había estado escuchando extraños susurros, Etc… todo, para al final mostrarme el dibujo, cautivarme un rato… lo besé.
-¡Ja, ja, ja! ¿y qué más?
-Y… nada más, ni me regalo el retrato, él se lo quedó, no lo he visto ya, hoy no pasó por mi ventana como te conté que suele hacer.
-Sabes, disparaste de pronto con este tema cuando pregunté si continuabas leyendo el libro de La Telepsiquia, ¿Acaso relacionas todo lo que sucedió con ese libro?
-No directamente, aunque hay algunas coincidencias, pero tú lo has dicho los hombres son unos tarados, ya sabes que no es la primera vez que lo veo, sabes que a lo largo de _ _  meses lo he visto pasar por mi ventana, nos hemos cruzado en la calle sin decirnos nada, si quizá desde hace mucho quería acercarse a mi hizo lo que usualmente pasa y eligió la manera más brusca, apareciéndose de pronto, contándome cuentos…
-Dime, por si acaso ¿Entre las coincidencias que resaltas, se encuentran, “Los sueños inquietos”?
-Sí, supuestamente se presentarían sueños extraños a partir del octavo día de empezar con los ejercicios de influjo mental.
-Y el se apareció en tu casa…
-… Al noveno día…
-¿Qué otra “coincidencia” encuentras?
-Ninguna.
-Pero es que lo que acabas de decir son las únicas coincidencias que necesitas presenciar para saber que la influencia está haciendo efecto, siempre… bueno desde inicios de este año que te conozco te he percibido como una chica temerosa con tendencia a la autonegación, las cosas están claras…
-No, no lo están, es que… ¿Qué somos? ¿Un par de brujas? Esto no es algo racional, no es algo científico, por favor somos estudiantes de una rama de la medicina, supuestamente debemos razonar bien.
-No es racional, ni científico, lo sé, como muchas cosas en el mundo, es algo que está un poco fuera de nuestro entendimiento, no creamos que lo sabemos todo amiga, en tu lugar, como buena mujer de ciencia, seguiría experimentando. –Dijo Vivian e hizo una gesticulación de relajo arqueando las cejas. Esa palabra “experimentando” Circundó por su mente varios segundos.
-No quiero hacerle daño a nadie, -Dijo Vanesa con la mirada hacia abajo. –Enserio él no se veía nada bien, no lo volví a ver… ¿Y si se ha enfermado?
-Somos futuras enfermeras, ¡Ve y pregúntale por su salud! –Ambas rieron, bebieron sus refrescos, se dedicaron a terminar sus platos, ésta vez en silencio, casi al final Vanesa fue ésta vez quien lo rompió. –Sí Vivian.
-… ¿Si qué? –Preguntó Vivian Sorbiendo lo último de su vaso de vidrio.
-Soy virgen.

La risa le vino de forma tan inesperada que el líquido dentro de su boca, casi la ahoga. –No, no me estoy burlando, no pienses eso, pero ya es hora muchacha, te puedes secar. –Vanesa le hizo un gesto duro pero amigable con los ojos.

10/12/2011

Sesiones III (Buscando inspiración, parte 1)

Por las calles circulaban fuertes ráfagas y sin embargo se sentía bochorno, siendo las nueve de la noche hora en que habitualmente Diana regresa a su hogar lo primero que hizo al abrir la puerta de su cuarto en un tercer piso del edificio “El Tumi”, en Aviación, fue entrar a la ducha para remojar su cuerpo en agua bien fría pretendiendo que aparte de relajarse con ella se valla toda la pesada carga de sus actividades diarias, cada una fluyendo hacia abajo en un remolino directo a las tuberías quedando libre, ligera, suelta.

Tras el refrescante chorro de agua fría su cuerpo solicitó un poco de agua tibia, encendió el calentador y su piel espero atenta el cambio de temperatura, el baño no tardo en hallarse repleto de vapor. Cada vez que sucedía eso le encantaba abrir la cortina y ver en el espejo de la puerta como poco a poco su reflejo se iba perdiendo mientras el vidrio se empañaba, su cuerpo iba desapareciendo entre la bruma empezando por su cabeza y descendiendo hasta los pies lentamente como suaves caricias. Ante la imposibilidad de verse salía de la ducha sin cerrar la manija, dejando huellas de agua en las losetas y presionaba el interruptor. A oscuras y con el agua tibia cogía el jabón, lo remojaba y lo paseaba hasta el último rincón de su cuerpo deteniéndose por entre las piernas, por atrás al final de la columna, en sus senos, en sus pezones, jadeando con soltura, y cuando la excitación la vencía se dejaba caer y en el piso continuaba con la sesión… de piernas abiertas, flexionándolas, volteándose para que el chorro caiga directo entre sus nalgas, pegando el cuerpo lleno de espuma en la pared y resbalando su piel. Así proseguía en la oscuridad del baño hasta que su ser o su consciencia advertían lo absurdo del momento, entonces cesaba, Prendía la luz, terminaba de bañarse. En la semana muchos fueron los intentos por lograr provocarse un orgasmo mas sólo conseguía instantes de placer que no tardaban en volverse vanos.

Saliendo del baño le esperaba un cuarto totalmente de cabeza, papeles por todos lados, latas de cerveza y gaseosa en la mesa, colillas de cigarro en el suelo, la cama destendida con las sabanas revueltas, en el escritorio libros abiertos llenos de polvo abandonados a su suerte. Sólo tenía la Lap Top en buen estado, una mini Mac de gran potencia que suplía las necesidades de su trabajo como diseñadora aunque iba tiempo sin abordar trabajos a parte como Free Lance, prefería cada noche recoger los papeles del suelo donde había impreso fragmentos de la novela que iba escribiendo, los releía hasta incentivar su mente a crear escenas contiguas, cada noche conseguía o se sonsacaba aunque sea un párrafo después la mente se le nublaba.

Hirvió un poco de agua para echarla en un vaso con sopa instantánea que tenía guardado por la canasta de panes. Con la sopa lista se sentó frente a la computadora… “Richard… Richard… se encontraba repitiendo en su mente sin querer, sólo por pensar algo. La casa de Richard al otro lado de la pista, perpendicular a la de ella era en realidad un departamento en el primer piso de un edificio, Richard… Richard… Vanesa vio prenderse la luz de una ventana, una sombra aproximándose a abrir las cortinas, ella se ocultó cerrando las suyas”… Diana leía en voz alta mientras bebía algunos sorbos de la sopa e intentaba recuperar el hilo de la historia, cuánto quisiera de nuevo sentir ese arrebato de creatividad que hace dos semanas la había visitado, ahora estaba bloqueada con algo de sueño, sin acabar la sopa colocó sus brazos y manos en frente, uno sobre otro y recostó su cabeza cerrando los ojos frente al monitor encendido.

No supo cuanto había dormido, quizá diez minutos hasta que el timbre del celular la despertó, era Meryl.

-¿Que paso, dime? –Dijo Diana con voz balbuceante.
-Oye ¿Ya estas durmiendo? Sal un rato pues, vamos por ahí.
-Ya tengo sueño Meryl, si quieres tu puedes venir a mi cuarto.
-¡Ya, ya! Estoy cerca, ahí voy. –Cortó.

Cerró el archivo Word, se quitó el pantalón, cerró la cortina, prendió el televisor y se recostó en el colchón sin preocuparse en ordenar las sábanas y el edredón. Meryl tocó su puerta a los diez minutos, al ver sus piernas desnudas quiso tocarlas pero se contuvo. Vestía pura ropa de jean, se había hecho una cola en su cabello largo, usaba botas de hombre. Al saludarse intentó robarle un beso en la boca pero diana se apartó, la hizo pasar, cerró la puerta y volvió al colchón donde Meryl ya se había acomodado.

-¿Qué has estado haciendo? Tu cuarto está patas arriba.
-Es solo que no lo ordené en toda la semana.
-Tu nueva chamba te deja rendidaza ¿no?
-Si… si… ¿Oye cachera a donde te llevaste a esa niña el martes?
-Te juro que sólo agarramos y la dejé en su taxi, no la he vuelto a ver.
-Eres una pendeja, ya otro día me contaras la verdad.
-… Veo que… sigues intentando escribir esa novela… -Dijo Meryl agachándose a recoger uno de los tantos papeles del suelo donde estaban impresos algunos párrafos.
-Sí, pero no sé porqué la mente me falla, me hace falta un buen chorro de inspiración.
-Oye pero, esta parte no está nada mal, escucha… Toxicómanos, borrachos e indigentes caminaban por la avenida Sucre, noctámbulos regresando a sus hogares, algunos taxis transitando por las pistas, letreros luminosos a esas horas apagados, brisas heladas recorriendo las calles, una leve ráfaga entraba por una hendidura de la ventana hacía danzar ondulándose la cortina del Richard, y la brisa encontraba la manera de entrar por debajo del cubrecama enfriando sus pies… Ese párrafo tiene algo de misterio, y creo que de ahí nomás se puede extender una grandiosa trama.
-Gracias por la opinión, pero ese párrafo ya lo use, estoy en otro capítulo de la novela, trato de encontrar el momento apropiado para implantar ese giro que se me ocurrió anteayer, ya te conté que la historia trata de una muchacha tímida que ante el temor de no poder acercarse al chico que le gusta decide influenciarlo a distancia por medio de la mente, ejerciendo prácticas ocultistas.
-Sí, si me contaste, bueno Diana, si lo que necesitas es inspiración, pues acá conmigo tengo un poco de inspiración. –Dijo Meryl sacando la billetera.
-Entonces que esperas y dame un poco.
-No tengo rizla para “rolearla”.
-Espera por acá tengo una pipa que la vez pasada me chorié de la casa de un amigo.
-Paja entonces.

Diana se puso de pie, buscó entre los cajones de su escritorio, sacó una pipa de madera que tenía la boca bien ancha y el mango bastante largo, hasta entonces Meryl iba desmoñando la hierba usando sus muslos de soporte.

-Que tremenda pipa, ¿De dónde me dices que te la pelaste?
-De la casa de mi amigo Gabriel. Es un chibolo, lo conocí en el instituto hace varios meses. Para fumando todo lo que tenga a su alcance, le gusta pegarse haciendo pipas caceras, últimamente no solo fuma hierba, se ha hecho pipas de todo tipo incluso las que se usan para fumar pasta, cuando salgo temprano de la chamba bajo a su casa, sus viejos me quieren, siempre me saludan calurosamente, luego entro a su cuarto que siempre tiene la puerta cerrada. La última vez fumamos piedra.
-¿A qué te refieres con piedra? –Dijo Meryl echando la primera dosis en la pipa y preparándose para fumar.
-Coca, coca retrocedida, no sé, él sabe prepararla, agarra una cuchara , le echa bicarbonato, luego un poco de “clorito”, agua y la empieza a cocinar con un encendedor, al rato se forma como una especie de aceite en la superficie y lo arrima con el dedo, eso no tarda en secarse y se forma como una piedra, no sabes, es riquísima, la fumamos en una pipa especial, metálica, antes le echa ceniza de cigarro luego la prendemos, es una sensación tan intensa.

Meryl absorbió una enorme bocanada de humo, lo aguantó en su interior hasta que la comezón en la garganta se lo impidió y exhaló todo como un suspiro.

-Cojuda, me estás hablando de “crack” lo que estas fumando es crack, no te metas eso, que es recontra adictivo.
-No, estás loca, es riquísima y tranqui, no te deja dengue, una queda feliz y relajada, luego me regreso en el micro normalaza sin temblores en las manos, ni angustia.
-Oye te lo digo como pata, si te vas a meter coca prefiero que sea por la nariz a que te la fumes, eso te caga más rápido.  
-Tú lo que necesitas es que yo te traiga un poquito de piedra para que sepas lo que se siente.
- Nica probare esa mierda, tas cagada ya… ya deja de hablar huevadas, agarra la pipa te toca a ti.

Diana echó hierba en la boca de la pipa y se preparó para aspirar el humo, ésta reventaba al contacto con el fuego, el olor era denso y penetrante, se recostó en la pared, no absorbió tanto como su amiga sino de forma prudente dejo que poco a poco el humo la llene de una sensación liberadora en todo el cuerpo cayendo rendida con una sonrisa, dejando que lentamente el humo salga por sus fosas nasales y boca. Luego se reincorporó cruzando las piernas y fumó nuevamente.

Meryl totalmente drogada se había quedado mirando el televisor en silencio, hasta que Diana acercó el mango de la pipa a su boca recién reaccionó abriendo los labios, Diana encendió una llama y Meryl aspiró con fuerza hasta carbonizar toda la hierba. Aspiró con tal fuerza que empezó a toser, sus ojos se le hincharon, le dio un ataque de tos que la obligo a recostarse bocabajo.
Diana con la pipa en sus manos se arrimó al extremo opuesto de la cama por la ventana donde estaban amontonadas las sábanas y el edredón como un espaldar, cogió más hierba para fumar viendo a Meryl retorcerse de dolor en la garganta y después quedarse inmóvil con la mirada perdida en el suelo y sus alucinaciones.

-Meryl… Meryl… ahora sí, ya estoy bien… ven un toque. –Decía Diana, había dejado la pipa en el muro de la ventana, estaba totalmente relajada por la marihuana, se iba quitando el calzón. Meryl no se movía, yacía perdida en sus pensamientos, y no la miraba. Lo que más quería Diana en ese instante era una lengua acariciando su sexo. Meryl nunca ponía objeción en hacerlo, pero esa hierba la había dejado tan idiotizada que no se daba cuenta que su amiga la imploraba dispuesta con las piernas abiertas. Resignada Diana cerró los ojos y empezó a sobarse la vulva con lentitud, ésta se lubricaba por sí sola de inmediato, con el índice penetró entre los labios laterales, palpando la blanda protuberancia sensible y cálida que ya empezaba a endurecerse, aún tenía los ojos cerrados, tras sus parpados en esa virtual oscuridad llegaban muchas cosas a su mente en su mayoría fantasías sexuales con su compañera de trabajo, con algunas amigas de la adolescencia en el colegio, con la vecina ya mayor pero bien conservada del piso de arriba.

El frenesí de la marihuana cesó por unos minutos y abrió los ojos, Meryl seguía bocabajo, se acercó a gatas hacia ella para verle el rostro. Estaba profundamente dormida, no muerta, sino dormida, la podía ver respirar, siempre tuvo ese miedo, el de estar drogándose a solas con algún amigo o amiga y de tantas dosis uno de los dos sufrir un ataque y luego no saber qué hacer. Como esas reuniones que solía hacer hasta hace una semana atrás en que invitaba a varios amigos para consumir diversas sustancias junto con licor y escuchar música. Una vez a su amigo Mauro de tanta coca en su organismo le dio ganas de lanzarse por la ventana para aliviar su euforia, tuvieron que agarrarlo entre varios para evitar que se mate y le obligaron a fumarse un wiro haber si se relajaba un poco, lo obligaron porque él no quería, tuvieron que presionarle los cachetes, y ponérselo en la boca para que aspire, y recién logró tranquilizarse un poco.

De seguro Meryl ya había estado fumando en otro lado, o había tenido un día igual de pesado, la marihuana a veces relaja tanto que uno se queda dormido, si Diana aún se mantenía despierta y con ganas de sexo era por el duchazo que se había dado. Se puso nuevamente el calzón, cogió el poquito de hierba que aun quedaba, también cogió la pipa, luego extendió una sábana para tapar a Meryl.

Prendió la mini Mac, abrió el Word,  el bochorno aún estaba presente, para sentirse más cómoda prefirió quitarse el polo, no tenía sostén, quedó casi desnuda. Empezó a teclear palabras incongruentes que le venían de pronto a la cabeza, la historia iba en un momento crítico, la protagonista se iba dando cuenta de que las energías que despertaba en sí misma para ejercer su influencia psíquica se hacían incontrolables afectando todo a su alrededor, le bastaba con pensar algo para que la materia que la rodeaba reaccione ante su “influencia”. Era inútil, no se concentraba, a penas pudo crear unas tres líneas, pensó que era todo por hoy. Estaba a punto de apagar la computadora. Pero mejor decidió respirar profundo, juntar los parpados para hacer un casual ejercicio de visualización. Imágenes nebulosas que se desvanecían una tras otra entre escenas, siluetas, rostros, vio entonces algo que había estado pasando por alto y que le había sucedido justo esa misma noche. Lo pensó ordenando su imaginación de tal forma que iban naciendo los recuerdos de forma consecutiva… pensó que podría escribir sobre eso, por eso decidió pensarlo como si lo hubiese estado escribiendo en primera persona:                                                                 

“Tomé el bus en Angamos, cargando mi cartera y una lonchera de regreso a mi cuarto después de un  día de trabajo, el bus estaba repleto todos apretados chocábamos unos con otros y más aun por la violenta forma de manejar del chofer y el detestable ahínco del cobrador en seguir llenando el bus hasta más no poder. Con la mano bien sujeta al tubo metálico mi cuerpo se balanceaba rozando con otro brazo a mi lado el de otra chica pero ésta sufría en el intento de que sus papeles no se le caigan. La miré una vez más buscando su cara, tratando de explicarme por qué me resultaba familiar, a la segunda supe que la conocía, la chica se dio cuenta del esfuerzo que hacía por reconocerla, de seguro también encontró algo familiar en mi, por eso me miró de nuevo.

-Tú eres… -Me dijo ella.
-Sí, Diana, la del seminario. –Le respondí y me acerqué a besarle el cachete.
-Asu tanto tiempo, es que, oye no volviste a asistir a más eventos.
-Es que el trabajo me carcome el tiempo, ese sábado hice una excepción porque el tema me era de gran interés.
-Bueno, yo ya estoy en otra, ya no estoy en fotografía, estudio psicología en San Martín.
-Excelente, yo ya te veía en eso cuando hablamos…    
-Este… oye… ¿Y mi libro?
-Lo tengo bien guardado, es un tesoro Elizabeth, tendrás que perdonarme pero no tengo la menor intensión de devolverlo…
-Ah mira pues que ¡Que descarada! Aunque en tu lugar haría lo mismo.
-Ya ves, ya nos entendemos ¿Vienes de tus clases?
-Sí, pero ahorita estoy yendo a San Isidro a un congreso de psicoterapia, ¿Tú, de la chamba supongo?
-Eh… claro, ya me estoy yendo a mi departamento, fue un día algo pesado.
-Uff, no más que el mío diana… este… dame tu número.
-Claro, apuntalo. –Elizabeth sacó su celular de la cartera. – 999-405-128

Elizabeth terminó de apuntar, tecleó su nombre entre los demás contactos, al guardar el celular buscó en un bolsillo con cierre y sacó una tarjeta.

-Diana nos estamos comunicando entonces, un gusto eh, yo bajo aquí.

Nos dimos un beso en la mejía, le hice un espacio para que pudiese pasar, ella me miró unos segundos antes de bajar, me hizo adiós con la mano izquierda.”    

Aquellas palabras las fue escribiendo de forma rápida e incesante, no tenían nada que ver con su novela, tan sólo tenía ganas de escribir algo, luego apartó las manos del teclado e imaginó qué hubiese sido si estuviese con Elizabeth en su cuarto, si de algún modo las cosas se hubiesen dado así y ahora su amiga estuviese ahí en vez de Meryl toda gorda y mal vestida, a Diana le atraían las chicas más femeninas, más delicadas, así como ella que no le gustaba intentar parecerse un poco hombre. Guardó el archivo cerró la Lap Top, se fue hacia el colchón y empezó a masturbarse pensando en ella, desde el principio de los acontecimientos en ese seminario de publicidad en que les tocó sentarse una al lado de otra, luego cuando caminando por Benavides Diana cargó algunas de sus cosas, entre ellas ese libro de la biografía de Salvador Dalí que terminó quedándoselo. Hasta hace unas horas que la encontró en el bus y la ficción de que ella estuviese en su cuarto compartiendo la pipa y de repente teniendo sexo en el colchón destendido. Una vez más no consiguió el orgasmo. Pero si consiguió algo de sueño. Al entre abrir un poco los ojos un recuerdo apareció delante de ella de improviso: La tarjeta que Elizabeth le había entregado. Al recibirla sólo la guardó más no la vio. Buscó en su pantalón de jean en el bolsillo más chiquito. Ahí estaba era una tarjeta de fondo negro con letras blancas. No decía nada más que el link de una página web… (Continuará)

05/11/2011

Días violentos. (Efer soto)

Extracto del libro de relatos "Retorno a la semilla", por Efer Soto  


No recuerdo muy bien en que pensaba durante mis días de encierro en la habitación oscura de Ate, no recuerdo cuanto tiempo pasó exactamente, ni cuanto escribí, ni cuánto me masturbe.

Pasaba días enteros pensando en la chica que había sido mía y que ahora era de otro. Yo estaba frente a la computadora amarillenta que tenía la hoja Word en blanco, sin una sola palabra, no podía escribir nada. Supongo que mi ex chica estaba por algún lugar del mundo con ese tipo adinerado, que había llegado como un meteorito a mi vida para extinguir todas mis esperanzas de amor perfecto.

Pensaba en escribir pero por alguna extraña razón no podía me decía a mi mismo, que pronto todo esto terminaría. Jamás, incluso en los momentos más terribles le perdí fe a la vida. Jamás incluso en las circunstancias más amargas sentía la esperanza de que todo esto terminaría. Por eso seguía ahí enfrentándome a la hoja en blanco, con mucha hambre y sobre todo con mucha rabia por la chica que se había ido.

Cada vez que me iba a cagar pensaba; que mierda, si no he comido en tres días, entonces creía que Dios era bueno, que posiblemente era cierto eso de que estaba en todos lados, entonces era él quien entraba a mi estomago y depositaba trozos de carne, verduras, pollo o lo que fuese.

Salía una vez al día a ver el mundo, a la gente, me quedaba frente a un banco por horas, esperando que algún ladrón irrumpiera en escena e iniciase un enfrentamiento a balazos con la policía. Subía los cerros hasta que mis piernas dijeran ¡Basta!, luego me sentaba y alucinaba que de la tierra brotaría agua para convertir esa tierra en fértil y en poco tiempo aparecería algún loco diciendo que había salido de ese agujero para convertirse en rey, haría de ese lugar un imperio. Claro que nada de eso sucedería.

Al descender escribía alguna de mis alucinaciones y dormía agradeciéndole a Dios por hacer mi vida mierda. La gente siempre tiene lo que se merece, a todos algún día irremediablemente nos alcanza el karma; y ninguna experiencia engrandece más el espíritu que el sufrimiento.

Era durante mis veinte años, la vida, pendeja ella, me había puesto en cuatro y me la estaba empujando toda, una y otra vez; tranquilos es una metáfora nada más. Así como la gente cuando dice “Muchacho, la vida es como el mar, tiene altas y bajas” “Muchacho, la vida es como el limón, agridulce” no se ellos pero yo creo que la vida se parece sin exagerar, a una pelea callejera con un público desagradable riéndose de ti, en la que por momentos tienes que aguantar los golpes para conocer al enemigo, para captar sus debilidades, y darle ahí sin parar hasta el final, que dicho sea de paso perderás, sin importar lo que hagas porque al final de tus días morirás y no creo que lo consideres como una victoria, porque el espíritu ganador, siempre quiere más.

Ahí estaba en mi cuarto, tenía un poster, con personalidades diferentes entre sí, pero con algo en común, habían logrado éxito rotundo, dejado huella y algunos también mucho dinero. Estaba Calamaro, Bob Dylan, Dylan Thomas, Lord Byron, Axl Rose, Bukowski, Vallejo, Tego Calderon, Allan Poe, entre otros; todos con la mirada fija, primeros planos, Esperaba mientras me moría de hambre al menos llegar a formar parte de algún poster amarillento y arrugado de algún adolescente con aspiraciones artísticas.

Estaba controlando la furia que me producía cada día, me esforzaba en cada pensamiento que sobrevolaba mi cabeza con la esperanza de formar un texto que valiera la pena, sin embargo al corto tiempo caí en el pensamiento pesimista, de que posiblemente no era bueno para esto, y es probable que no lo sea, pero finalizar, al construir un párrafo del que pude sentirme orgulloso, pude sentirme también triunfador, por haber completado ese párrafo que a la gente ajena a tus pretensiones jamás se le ocurriría.

Así cada tarde con el ocaso y el cuerpo desnudo me sentaba en el sillón ajado para plasmar palabras que había perdido, traer a la mente a personas que me causaban tristeza, que me herían al retornar del pasado con palabras que creaban llagas de surcos profundos. Era duro ejercicio diario del cual salía destrozado, pero por las mañanas al leer cada palabra sentía que daba un paso más en esta difícil tarea.

Todos los amigos y todas las mujeres se habían ido, trataba de ocultarme incluso de mi mismo, y me sumergí en un mundo desconocido hasta entonces, era mi propio interior, un campo minado del que salí moribundo. Ya no era yo, era tan sólo una grafía olvidada en alguna pared por algunos vándalos; no me sentía contento; era entonces el momento preciso para comenzar a enfrentarme a la hoja en blanco.

Hubo un día en el que llamo la chica de mis sueños, mi nena diez, mi mujer ideal, estaba de vacaciones viviendo al otro lado de la ciudad, pero que era temporada terminaba y regresaría a su casa, me contó que pasaría cerca de mi desorden y que le agradaría verme, sólo como amigos. Yo no le veía ningún problema así que dije que la esperaría en un sitio conocido, un restaurante de comida rápida dentro de tres días.

Sabía que eso de vernos “solo como amigos” era una vil mentira, en el fondo ardíamos por una pasión desenfrenada, por encontrarnos solos sin moral, sin respeto, desnudos con mi juventud en la mano metiendo y sacando de su cuerpo.

Cuando nos encontramos en aquel restaurante nos quedamos mirándonos por unos instantes, sin saber qué decir y poco a poco como dos niños que descubren algo y tienen miedo de tocar, nos acercamos y nos besamos, poco a poco fuimos acariciándonos olvidando que estábamos en medio de la multitud que avanzaba mirándonos sin darnos importancia.
Cuando fuimos hacia mi habitación que parecía el de una rata, nos desvestimos aun parados, y cogiendo mi miembro le decía; todo esto es tuyo; una y otra vez, ella sonreía y me acariciaba ardientemente, al culminar, al conseguir lo que ella quería se iba, dejándome solo, sin nadie a quien acudir y pensando seriamente que posiblemente ella me odiaba, me odiaba más que a nadie en este mundo.

Como ya estaba solo me sentaba a escribir nuevamente, es el mejor momento para escribir, pero era el peor momento para vivir, quería dormirme simplemente y despertar cuando todo ese dolor pasara, pero escribía, continuaba escribiendo.     


Extracto del libro de relatos "Retorno a la semilla", por Efer Soto 

14/10/2011

El tragaluz II.


“Battle bots”, era el nombre  del juego, hombrecitos que manejaban inmensos robots para luchar en escenarios futuristas. David no era muy fanático del Nintendo, pero Battle Bots era la excepción, con los demás juegos él se aburría, Metal Slug, Super Mario Bros, Bomberman, Etc. Ninguno era de su agrado, en éste él se emocionaba y era muy buen luchador, Cristian no podía ganarle por más intentos que haga, David lo dejaba rendido y se ponía a saltar de orgullo.

-Bien, ya se acabó. –Dijo Cristian, presionó el botón “power” del Nintendo, dejó su mando sobre el televisor.
-Ah ya te enojaste, no seas picón. –Requintó David.
-Nada, es que sólo eso sabes jugar, yo te rompo en cualquier otro juego.
-Battle Bots es el único juego chévere, los demás son para tarados.
-Ya oe, no te pases. –Le dijo tirándole un suave palmazo en la cabeza. –Veamos tele aunque sea.
-Ya… ya… está bien. –Siendo Cristian un año mayor, David no ponía muchas objeciones.

Empezaron a buscar en los canales algo entretenido presionando un número tras otro, siendo las seis de la tarde, la mayoría de canales transmitían novelas o películas, en el canal 7 daba “Gasparin”, luego vendrían más dibujos, no había más opción que contentarse con eso pues “cable mágico” no tenían. Recostaron sus espaldas y con aire aburrido fijaron la mirada en la pantalla.

-Oye David… -Dijo Cristian mirándolo de costado, David volteó, se halló con su rostro de ojos grandes y piel morena, tenía una sonrisa maliciosa.
-¿Qué?
-En el cole dicen que te gusta Leslie.
-No es cierto… ¿Quién dice?
-Todos pues.
-… Está bien, te lo digo a ti ¿Si? A mí sí me gusta ella, es blanquita y pecosita, ¿No vas a decir que no es linda? Lo que pasa es que todos en el salón son unos cojudos, no saben más que joder haciendo bulla.
-Oye que chévere que seas así de franco, el año pasado yo me moría por Lizet, pero siempre me daba mucha vergüenza admitirlo, tampoco se lo hice saber a ella, ahora ya se cambió de cole.
-¿Ahora quién te gusta?
-Nadie en realidad, aunque la profe María Ester no está nada mal. –Se rieron.
-Ahora te gustan las tías entonces…
-Es un decir nomás… a veces me imagino haciéndole cosas, es que si por un rato dejas de verla como una profesora, la miras bien, está bien formadita.
-Haber haber, déjame cerrar los ojos. –David juntó los párpados e intentó recordarla, la veía señalando la pizarra con una regla, entonces borró la regla, luego la pizarra, quedó ella con un fondo blanco… intentó quitarle la ropa, la dejó en ropa interior, pero hasta ahí nomás se lo permitió y abrió los ojos. – ¡Sí! Tienes razón, riquísima la profe.
-Ves ¿Oye tú no te imaginas nada con Leslie?
-Sí, imagino que la tomo de la mano, que la abrazo, que andamos juntos…
- ¡Ya pues! ¿Nada más?
-Sólo ese tipo de cosas, es que por ella siento cosas bonitas, y sólo puedo imaginarme haciendo cosas bonitas con ella.
Debes saber que a las mujeres les gustan otras cosas, no siempre cosas bonitas…
-¿Y tú que sabes de ellas?
-Pues mi má me enseña, ¿Ella es mujer no? –Hubo un silencio- Pero  siempre me repite que a nadie le debo contar...
-Te juro por diosito que no le diré a nadie. Además ya estamos en esto de contarnos cosas…
-Está bien, hay noches que ella llega bien tarde, bueno ella trabaja en la cochera de al frente, por eso a veces la ves parada en las pared o cerca al poste, cuando viene, viene acompañada de alguien y se asegura que yo esté en mi cuarto, acá sólo tenemos un cuarto, es que éste mueble si le levantas por aquí se transforma en una cama…
-¡Que paja! No sabía que se podía hacer eso.
-Sí, cuando se vuelve una cama ellos apagan todo, sólo la tele está prendida, por eso más o menos puedo ver lo que pasa, por la luz de la tele, y el señor se pone encima y mi mamá abre bastante la boca, y a veces grita, pero eso le gusta.
-¿Cómo sabes que eso le gusta? ¿Te lo dijo?
-Es que no siempre viene con alguien, cuando está sola me llama para echarme con ella, ella duerme sólo en calzón y con un polo ancho, me pide que le toque abajo, aquí mira…
-Oye no hagas eso…
-Es sólo para que entiendas… y después con su mano me hace meter dentro del calzón, donde está mojado y con pelos, pero la escucho hacer los mismos sonidos que cuando viene acompañada…
-Entonces eso le gusta…
-Sí pues por eso te digo, un día hazle así a Leslie haber que pasa.
-Ja ja ja, por lo que me dices me haces acordar a una película que vi hace tiempo, sobre una madre que le hacía algo parecido al hijo, no parecía ser algo bueno, ¿Tú qué piensas? 
-… Pienso que si le gusta, no está mal, es que… es que… ella también luego me lo hace a mí…

David quedó en silencio, había imaginado cada una de sus palabras, aquellos pensamientos lo hacían sentir raro, no era muy grato retenerlos en la cabeza, era un tanto incómodo ya que él mismo algunos días de la semana solía tener sueños en los que se bañaba con su madre y él la tocaba y despertaba con una erección, después no podía mirar mucho a su madre sino hasta después de una hora de pasado el sueño. Le sugirió que prendan otra vez el Nintendo, que jugarían lo que Cristian quisiera, él aceptó y volvió a prender el aparato.

Mientras buscaban entre los nombres de cada juego, Cristian reconoció el sonido de los tacos de su madre aproximándose al inicio del pasadizo, le dijo que su madre ya llegó que tenían que despedirse.

La puerta se abrió, su madre una señora morena y voluptuosa con un cigarro entre los dedos, atrás estaba un señor de sport elegante, Niños salgan afuera a jugar, Les dijo con voz y aliento de borracha. Má ¿me das para comprar un helado?, Dijo Cristian, Luego te doy ahorita tengo cosas que hacer, salgan chicos. Ellos salieron, lo último que vieron antes de que el señor cierre la puerta fue a la mamá de Cristian armando el sofá cama.

Recién había anochecido, todavía a las 7:30 se prendían las luces de los pasillos, andaban juntos entre los ecos y penumbras del edificio, Cristian le dijo saque unos papeles para armar aviones y hacerlos volar por el tragaluz, eso hicieron, pronto se prendieron las luces, ya tenían los aviones listos, los lanzaban al vacío y se quedaban atentos viéndolos girar como pájaros. Al rato salieron Nico y Erick pateando una pelota, Oigan ¿Un partidito? ; ¡Claro Vamos!, Dijeron Cristian y David.

11/10/2011

El sexto piso.


Era extranjero, se notaba por su color de piel, su estatura, su actitud, aunque no tenía ni pizca de idea que luego terminase pidiéndome todo eso, supongo que fue una corazonada lo que me hizo querer buscar su atención. Ahí en su mesa, era un tipo común, voyerista, con plata eso sí, por eso me esmeré mirándolo con fijeza para que sepa que entre todos aquí sólo él me interesaba, sólo para él bailaba, y por él me movía así, por supuesto todos se ganaban, pero en particular mi show era dirigido para sus ojos grises, para estimular sus apetitos, captar su interés, moverlo de ahí que se acerque hacia mí y me diga las palabras puntuales que necesitaba, Vámonos a un cuarto, sí esas mismas, aquello significaba que no le interesaba saber el precio, porque por ende sea cual sea podría pagarlo.

Pero fue diferente porque no me dijo vámonos a un cuarto, sino, Bájate, ven conmigo, cosa que me gustó más aún, su acento no era norteamericano, predominaba la “g”, supuse que quizá era un alemán, pero su dominio del español era absoluto. A unas siete cuadras del Safari estaba un hotel del mismo nombre, le hice un oral en el taxi, fue por propia iniciativa, le tenía ganas desde ya, así que succionándole el pene me esmeré ante su rigidez, ante su color, se lo hice suavecito sin apretar los dientes, echándole suficiente saliva, el hombre ese duraba bastante, otro por las cositas que sólo mi lengua y yo saben hacer no hubiese durado ni quince segundos.      

Primero entré yo, abrí la puerta de vidrio, saludé, el hombre pagó la habitación, no miré más, me di la vuelta, busqué el ascensor, él venía tras mío, entramos, al cerrarse la puerta me pegué a él levantando la pierna, llevando su mano para que me toque, yo por mi parte le sobaba con la mano derecha, aún estaba duro, podía cerrar mis dedos y sobarlo por encima del cierre lo sentía todito, él no se movía mucho, tampoco decía mucho. Llegamos al piso seis.

En la habitación me empecé a quitar la ropa, él cerró con seguro, me bajé la falda, desabroché el sostén, me tiré en la cama, lo ví bajándose el pantalón me arrimé a un lado para que se echara, sacó su billetera, buscó entre los compartimientos hasta encontrar lo que parecía ser un paquetito de papel de alguna revista, estaba bien doblado, lo abrió despacio sus manos temblaban un poco, dentro había cocaína blanca y cristalina, le pasó un dedo y lo llevó a la boca. Sonó la puerta, cerró el paquetito y me pidió que reciba el pedido. Cogí mi blusa para taparme los senos y atendí al joven que nos traía una botella de whisky. No me dejó echarme, le entregué la botella él la abrió y del pico sorbió un buen trago, luego abrazándome de la cintura me acercó para lamer, besar, chupar mis senos.

Mordisqueaba mis pezones, empezaba a sentirme contenta de que al fin empezara a hacer algo ese gringo tan callado. Lo cogí de los hombros empujándolo hacia la cama, yo estaba totalmente desnuda, mi sexo se encontró con el suyo de inmediato, me erguí para que entrase, me senté sobre él, ya había entrado, volteé la cintura hacia el velador donde estaba el paquetito, lo cogí, con la uña del meñique me ayude para recoger un poco del polvito e inhalé por ambas fosas, le di un poco a él así echado como estaba, sólo aspiró con fuerza y todo ingresó con rapidez, esparcí un poco por mis encías, era de tal calidad, pura genuina, con ese amargo especial, él también quiso, le di mi dedo el cual chupó cerrando los ojos, sonriendo. Con el frenesí corriendo por nuestro torrente sanguíneo empezamos a hacer el amor, sobre la cabecera de la cama habían dos interruptores uno para apagar las luces centrales otro para encender un fluorescente aledaño que botaba una tenue luz roja, la cual le otorgaba otro relieve a nuestras pieles, otras sombras, éramos otros.

Me volteó revolcándonos, quedé debajo de él, se terminó de quitar la ropa, era robusto estaba en forma, inhaló un poco más, bebió de la botella, le exigí que me invitara un poco más de ambos. Penetrándome con fuerza me besó en los labios y me dejé porque su boca sabía a whisky y a coca, no es en sí por el sabor, sino por el frenesí explosivo que ocasionaba aquella combinación, recorrí cada recoveco de su cavidad bucal, sedienta, hambrienta, recibiendo dentro su miembro caliente y mojado. Al apartar mi boca de la suya sin darme cuenta lo abrazaba hundiendo mis uñas en su piel, con mis muslos y pantorrillas lo abrazaba hasta dejarle marcas en la cintura.

Lo sentí detenerse y ponerse tenso soltando algunos jadeos en mi oído, percibía su cálida eyaculación como un cosquilleo dentro de mi vejiga, en el acto salió, recostándose en la almohada, yo me quedé ahí tirada un rato con los ojos cerrados transpirando, tocándome lentamente el vientre. Ein Tanz für mich bitte, alcé mi cuello, con el gesto de mi cara le dije que no entendía nada, Ponte de pie, baila un rato, me dijo. No tenía ganas, hubiese preferido que durase más y seguir postrada debajo de él recibiendo más, Frauen haben, was ich sage, supongo que había dicho lo mismo, pero seguí sin obedecerle, abrió la billetera sacó dos billetes de 50$ y me los lanzó, contenta me paré, me asomé al velador sin mirarlo, sin pedirle permiso con esa tarjeta personal armé dos líneas gruesas enrollé un billete e inhalé de prisa, pero me faltaba un poco, mi cuerpo requería más, armé dos líneas más, volví a inhalar, que tremendo arrebato de energía me invadió, cerré los ojos dejando mis manos moverse por sí solas acariciándome todavía muy agitada, sudando. No había música, pero me movía como si una sensual melodía estuviese sonando. Al verlo de nuevo él estaba haciendo lo que yo hace unos pocos segundos, aspirando gruesas dosis y bebiendo el trago, algunas gotas sobresalieron de las comisuras de sus carnoso labios. Le bailé, libre, suelta, sintiendo que no había mujer más sensual que yo, sintiendo que sólo yo le había hecho esto a él, le baile tal y como hice para llamar su atención en la barra ante el sendero de sus ojos grises.                                 

Él estaba atento en la contemplación de mis movimientos con la botella en una mano masturbándose con la otra, aunque sin erección sólo sobando por inercia, volvía a cerrar los ojos, me sumí en la tácita melodía que circundaba la habitación, Verschieben Sie das Fenster, le pregunté con los ojos qué era lo que decía, Abre las cortinas, me dijo, no eran cortinas sino persianas, caminé a la ventana y lo hice, sin apartarme de ahí continué con mi danza, creo que sí había música, la de nuestras almas aceleradas, la de nuestras respiraciones y susurros, todo emanaba sonido, incluso el color rojizo del fluorescente era la música. Se acercó a mí sin soltar la botella, me invitó un sorbo de whisky, me beso insertando la lengua, frotándome con el resto de su cuerpo, después me dio un billete más el cual dejé tirado en el piso, vertió licor desde mi cuello encontrando su cauce por mis clavículas, parte de mi espalda, mi busto, mi ombligo, dejó la botella en el muro de la ventana, bebió gota a gota los restos esparcidos en mi cuerpo perdiéndose en mi piel, calentándome, agitándome, agachándose por mis muslos con su lengua inquieta. Con gran fuerza me volteó, apoyada en la pared recibí otro chorro más de whisky por toda la espalda, éste fluía hacia mi columna, mis nalgas, entre ellas, hasta los pies, llenándome de calor, de escozor, de ardor, su boca siguió hurgando mi cuerpo sin obviar cada parte que el licor había tocado pero poniendo énfasis entre mis glúteos donde no resistí soltar un chillido y me erizaba empinando los pies, curvando la espalda, dejándome llevar me recosté bocabajo excitada, rendida, dispuesta.
Se echó sobre mí, no quería metérmela por la vagina, apuntaba más arriba, le dije que no, pero me cerró la boca con dos billetes más cayendo frente a mí, reí para mí misma, así postrada ante el suelo vi su mano acercar hacia mí el papelito con lo último que quedaba y la tarjeta, arrimé todo lo que sabía podía aspirar, acercando la punta de mi nariz al piso absorbí de golpe ambas filas de valor, ambas dosis de frenesí, ambas dosis de descontrol. Permití que me penetrara, lo dejé ingresar sin preámbulo, y él me lo hizo como le apeteció, tratándome como un objeto inanimado, consumiéndome, inhalándome igual a una línea de coca, ahora quién tenía las marcas en la espalda era yo, por sus dientes, estaba bien, el dolor que me producía con su sexo se distendía o era compartido cuando me mordía surcando mi piel, yo también necesitaba hacerle algo, por eso llevé sus dedos a mi boca, los lamí y mordisqueé no segura si lo que esperaba era que durase más o que terminase de una vez. Pero sin acabar aún lo sacó, me dio la vuelta se sentó en mi vientre, apretándome un seno se masturbaba encima de mí, yo perdía la respiración, aunque ya estaba más tranquila, Diese Scheiße ist lecker! Me decía, tenía la cara hacia arriba. Se la sobaba como quien busca producir fuego con dos varas de madera, Freude, und ich kam! Dijo otra vez, el chorro de su semen salpicó en mis senos y parte del mentón.

Esta vez sí reposó unos minutos antes de ponerse de pie, no quedaba nada en la botella ni en el papel, pronto en el suelo sólo me encontraba yo con mis billetes, mi cuerpo meloso de licor, saliva, sudor y esperma.

Lo vi yendose a la cama, de su saco cogió un blister de pastillas amarillas, quizá tranquilizantes para poder dormir, fue al baño, ahí fue que yo me paré porque me iba a dar una ducha, vertió agua del caño en la mano y se tomó dos pastillas, Ojalá amanezcas vivo, Le dije, él salió, yo ingresé a la bañera, abrí al máximo me mojé de agua bien fría, ya había guardado los billetes en mi cartera y tenía mi ropa al otro lado de la cortina lista para vestirme luego del baño.

Es ist vorbei, gehen... Estaba fumando un cigarro negro, por primera vez tenía el control en la mano cambiando los canales, Enserio, ojalá amanezcas vivo, Le volví a decir a modo de despedida, Bye, hoffe, Sie sehen dann, Me respondió, cerré la puerta.